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Dar explicaciones


Es difícil que las soluciones dadas coincidan con los puntos de vista de cada uno. Quien ve el huevo puede no ver la gallina, y a su vez quien ve la gallina puede desconocer lo que es un gallinero y a su vez no tener ni idea de que ese gallinero forma parte de un corral, que a su vez está en una granja, y así, hasta mucho más arriba.       
Cuando se toman decisiones, es casi seguro que desde más abajo te pedirán explicaciones (si no lo hacen, malo).

Considero que no hay peor decisión que aquella que no se puede explicar. Veo que en muchas empresas se suele tender al oscurantismo. Al “eso es así, o se hace así y punto, no hay que dar explicaciones”

Es claro que quien ha tomado una decisión lo ha hecho en base a situaciones determinadas y concretas. Por tanto, debe explicarlas. Debe tratar de describir la granja, o el corral o la gallina, a partir de la posición del interlocutor. 
Si no le escuchan, habrá perdido unos minutos. Si lo hacen, ganará un aliado inteligente.  

¿Qué proceso mental sigue quien pide respuestas?  Seguro que esa decisión tomada le ha afectado de alguna manera.  Y esa persona se hace preguntas.
 
¿Hay algo peor que cuestionarte cosas y no tener respuesta? ¿Cómo esperas que la gente actúe en una dirección si no sabe a dónde va ni para qué? ¿Cómo reaccionas tú cuando no te dan explicaciones?
Eso sí, estarás dispuesto para preguntar, cuando también te prepares para oír lo que no quieres.  

¿Qué es este blog?


Esta entrada es exactamente la 101 que realizo en este blog. Me hace ilusión destacarlo. Es decir, que la propuesta semanal que me hice cuando empecé, la voy cumpliendo. Dos años a 52 semanas por año, resultarían 104 entradas.  Vamos, que he sido bastante constante con el compromiso adquirido si tenemos en cuenta que alguna vez me tomo algún respiro.  
¿Qué es este blog? Pues es un pequeño recordatorio de cosas “pequeñas” que puede servir para tener semanalmente un pequeño “Pepito Grillo” cerca de ti ( y sobre todo de mí).  No hay cosas espectaculares, lo reconozco. Soy partidario de los pequeños movimientos, de los pasos continuos, sin carreras, sin rupturas ampulosas. Pero con constancia y con ilusión. Sabiendo que así se provoca el cambio. Lentito, pero seguro.  

Y aunque trato de dar una coherencia a todo - sigo buscando un guión lógico – estas entradas están hechas para que se puedan leer sin un orden establecido. Simplemente, entrar aquí y leer esa propuesta que a lo mejor te sirve para pensar un poco, o mejor aún, te ayude o te sirva de estímulo para ponerte en acción.
Este blog me ha servido para escribir un libro. Esto, para mí, sería suficiente. Pero me ha servido para otras cosas. Para fijarme más en lo que me rodea, para intentar comprender ciertas cosas, para darle un sentido a lo que hago. Tal vez, mejor dicho, para hacer cosas con sentido. Lo que no es poco.

Además, el goteo continuo de visitas tras dos años de trabajo – se acercan a las mil mensuales - me hace pensar que el camino que estoy recorriendo no es una locura personal, sino que además le sirve a quien me acompaña. No puedo pedir más.
No sé si con la entrada 200 haré otro post como este. De momento, si no has paseado mucho por aquí, te invito a que te des un chapuzón en este blog. A que leas, sin orden ni concierto, este mar de entradas atemporales. Salvo alguna felicitación Navideña o de fin de año, cualquier entrada se puede leer en cualquier momento.

Por supuesto, si te sirven y luego quieres organizarlas con tu método, con tu personalidad, te invito a que lo hagas. O si ves que necesitas a alguien que te acompañe y te anime a hacerlo o a aplicarlo, ya sabes, aquí estoy.
Gracias por pasear por aquí.
Pd.- Como comprenderéis, esta semana también tendréis la entrada 102.

 

Un buen regalo para estas Navidades


Sí, como os dije en el post anterior, me he comprado la deseada libreta de notas (este blog sirve para algo, o mejor dicho para alguien por lo menos: ¡para mí!).
He empezado a escribir en ella aunque no como tenía previsto.  Pensé dejar allí plasmado los nuevos planes para el 2014. Todas las cosas que quiero hacer. Pero no, he cambiado de idea, o mejor dicho, la he pospuesto.  He decidido escribir una relación de las cosas que he hecho en el 2013. ¿Para qué? Trato de explicarlo.
Llevo dos o tres sentadas en conversaciones con amigos con un tema común: la insatisfacción.  En todos los casos ocurre lo mismo, se deciden a intentar alcanzar un objetivo difícil y en cuanto lo consiguen, tras esfuerzos agotadores, vuelven a intentar otro nuevo sin darse ningún tiempo de reflexión y descanso.
Los hay que tras acabar una segunda carrera, ya quieren hacer una tercera. O quienes tras alcanzar un record personal (deportivo, intelectual, de cualquier tipo), al instante se ponen manos a la obra para el siguiente.
Por supuesto, me incluyo entre los que actúan así. Nos golpeamos la cabeza constantemente sin conmiseración. Sin dejarnos respirar.
Pero, dado que las Navidades están ahí, he decidido hacerme un regalo: parar y pensar.  Sobre todo pensar en qué es lo que busqué cuando decidí empezar ese objetivo.  Y me he sorprendido.  Lo había olvidado. La finalización del objetivo en sí – en mi caso escribir un libro – ha absorbido totalmente la intención que tenía al escribirlo. Me he olvidado totalmente de lo que quería hacer luego con él. Y como el mero hecho de tenerlo delante no me satisfacía, opto por buscar otro nuevo objetivo compulsivamente.  Esto hubiera supuesto dejar totalmente aparcado el libro y por tanto que todo el trabajo se fuera a la basura, que no sirviera para nada.    
Así que estos días, que son de regalos,  me voy a hacer uno que aunque sea barato (gratis total),  me puede satisfacer bastante.  Vuelvo a buscar las motivaciones que me llevaron a escribir el libro. De entrada ya me he dado cuenta (y parece de locos) que mi objetivo no está cumplido. Tan sólo cerré una parte. Me falta el resto. Por eso no estaba satisfecho. Pero ahora sí, porque vuelvo a entrar en mi camino.
¿Qué te vas a regalar tú? ¿Recuerdas tus motivaciones para lo que has hecho en este año? ¿Para qué te pusiste manos a la obra en aquello? ¿Qué satisfacciones  has obtenido de tu esfuerzo?
 
 
 

Ponerse en acción


Estoy frente al folio en blanco. Otra vez el mismo terror que me ocurre casi semanalmente, aunque creo que llegué al límite en la entrada que os enlazo.  
 ¿Y ahora qué cuento? ¿Dejaré de cumplir este autocompromiso semanal que adquirí al inicio de este blog?  De momento sigo a cero.

Hmmm, sigo en blanco. Pero tengo que trabajar. Escribir algo que no sea forzado y que te pueda llegar, que te anime a ponerte en acción.
Cuando esto ocurre intento recordar alguna conversación que me ha llamado la atención durante la semana. ¡Maldita la hora en que por pura desidia no he renovado mi  bloc de notas en el que apunto esas ideas que me vienen a la cabeza a lo largo de siete días! Prometo que estas Navidades me regalo una libreta bonita y práctica.

Hmmm, sí. Ya sé. Empiezo a ver la luz. En una cena, esta semana, hablamos sobre la necesidad del hacer, sobre ponerse en marcha, sobre ponerse en acción. Sí, el mundo de las ideas está muy bien, pero hay que empezar a llevarlas adelante.  
¿Cómo? Pues tal vez, conociendo en profundidad tus capacidades. ¿Cómo resolvió su momento de vacío un genio como Lope de Vega? Que sea él quien nos lo explique:

  Un soneto me manda hacer Violante
que en mi vida me he visto en tanto aprieto;
catorce versos dicen que es soneto;
burla burlando van los tres delante.


Yo pensé que no hallara consonante,
y estoy a la mitad de otro cuarteto;
mas si me veo en el primer terceto,
no hay cosa en los cuartetos que me espante.


Por el primer terceto voy entrando,
y parece que entré con pie derecho,
pues fin con este verso le voy dando.


Ya estoy en el segundo, y aun sospecho
que voy los trece versos acabando;
contad si son catorce, y está hecho.


En este caso, Lope de Vega podría no haber escrito nada pero confió en su capacidad para producir versos.  Se sentó, y a pesar del vacío mental fue capaz de escribir este sensacional soneto.  

Yo, por supuesto, que no dispongo de esa capacidad, intentaré hacer lo mismo. Y para evitar de nuevo esta situación, además de renovar mi libreta de notas, me apoyaré en que me apetece mucho seguir manteniendo este blog vivo y además, confiaré en la serendipia

¿Cómo te pones en marcha en tus momentos más flojos? ¿Cómo refuerzas tus capacidades?

El corazón y su campo electromagnético.


Cuando por un cuerpo circula una corriente eléctrica se crea a su alrededor un campo electromagnético.  Por supuesto no lo vemos pero es real. Por poner un ejemplo simple, tampoco vemos una corriente de aire pero la sentimos u observamos sus efectos.  Y a grandes rasgos, cuando dos campos magnéticos se acercan a una determinada distancia, se influyen e interactúan entre sí.
Por nuestro cuerpo también circulan corrientes eléctricas.   Pequeñitas, sí, pero circulan. Por tanto, nuestro cuerpo genera campos magnéticos.  Por supuesto de pequeña intensidad. Esto es real – científicamente demostrado  -  y quiere decir que al acercarse dos cuerpos humanos, interactúan sus campos magnéticos.  
 ¿Cual es la distancia de influencia del campo electromagnético del cuerpo humano? Pues también está demostrado que oscila entre los dos y los cuatro metros. Este campo está generado por el corazón. El cerebro crea un campo menor.
Luego si se acercan a menos de esos dos o cuatro metros dos cuerpos, dos corazones, , ¿qué puede ocurrir? Si además admitimos las últimas teorías científicas en las que se habla del cerebro del corazón o por lo menos de la existencia de un centro neuronal en el corazón - es decir que éste tiene inteligencia - resulta que ambos corazones podrían ser capaces de comunicarse entre sí. O por lo menos de influenciarse.
Esto abre unas expectativas realmente interesantes. ¿Están preparados esos corazones para “entender” el lenguaje del otro? ¿Sabríamos traducir esas señales? ¿Conocemos cómo se influencian? ¿Cómo podríamos aumentar nuestro campo magnético?
El desconocimiento de esta “ley” no debe excluir la posibilidad de tenerla en cuenta.  ¿Cuándo te has sentido en vibración con otra persona? ¿Qué resultado obtuviste de ese contacto? ¿Cómo tradujiste esas sensaciones?
 
Una pregunta un poco más capciosa: ¿Qué ocurrirá si nos acercamos a menos de un metro de otra persona?
Por supuesto, y como ocurre siempre, os amenazo con volver sobre este asunto algún otro día porque nos va a dar mucho juego.     

Toneladas de ternura

Esta vez, la imagen, el momento, el sonido,..., lo debes poner tú.
Me ocurre lo que a otros. Vamos, que no me distingo mucho del resto de los blogueros. No he encontrado una definición exhaustiva de la ternura. He llegado hasta la página 30 de google buscando una definición que me llenara y no la he encontrado. De ahí que haya tardado más de lo habitual en hacer esta entrada. Tras leer bastante sobre esta emoción, me quedo casi igual.
¿Y por qué me da por esto ahora? ¿Estoy ñoño, sensible, melancólico, flojito? Pues no. Voy en búsqueda de la emoción más fuerte en sentido positivo. La más potente.  En su momento tan sólo indiqué su existencia.
Os invito a visitar primero esta entrada y luego esta otra para que os hagáis una idea de por dónde van los tiros. Veréis que el potencial de la ternura es bárbaro.  Es un arma de construcción activa. No pienso ignorarlo.
Pues manos a la obra.
Según el RAE, la ternura se define como : Cariño, amor, amabilidad o afecto.
Por tanto, al cariño, amor, afecto o amabilidad que una persona expresa y demuestra por determinadas cosas o por alguien se lo designa con el término de ternura.
¿Algo más genérico no puede ser? Eso sí, bien leída, esta definición engloba emociones que consideramos vitales para nuestra felicidad y que pedimos  y, alguna vez, tratamos de dar. Pues la ternura está por encima de todas ellas. ¡Imaginaos el potencial de esta emoción positiva global!
Permitidme que os adjunte también como recordatorio la definición que el RAE nos da sobre emoción: “1. f. Alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática.”
Por tanto, si consideramos la ternura como una emoción (además positiva) la consideraríamos como una alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable, que va acompañada de cierta conmoción somática.
Bueno, pues los estudios científicos nos demuestran que esa conmoción somática es intensa, medible, y satisfactoria (véase coherencia cardíaca).  Como no sólo de estudios científicos viven las personas, os invito a que cerréis los ojos y recordéis un momento de ternura. Cuando los abráis, os daréis cuenta de que en vuestra boca se ha reflejado una sonrisa. Y con un poco más de sensibilidad, tal vez hayáis sentido incluso cierto relax y cierta paz.
¿Qué podemos hacer entonces  para hacer esa emoción nuestra? Os invito  a ser coleccionistas y buscadores de ternura. ¿Para qué? Para  usar ese archivo en cualquier momento, bueno, malo o regular.
¿Cuándo sentiste ternura por última vez? ¿Qué pasa cuando recuerdas algún momento tierno? ¿Cómo podríamos aumentar nuestra colección de ternura?
Permitidme finalmente que os deje este párrafo de Jacques Salomé, autor del libro “Cómo atraer la ternura” , que desde luego nos invita a pensar.
“La ternura no es un estado permanente, sino un descubrimiento perpetuo que cada uno de nosotros podemos hacer, no a través de la fragilidad de las apariencias o la rutina de las costumbres, sino en una vivencia consciente y completa del presente. La ternura no nace de lo imposible, sino que engendra vitalmente lo posible”.
Pd.- Veréis que la ternura da para mucho. Así que poco a poco iremos entrando en esta materia. ¡Quedáis advertidos!

Ser vulnerable es normal

Superman es vulnerable, la Kriptonita le puede matar.  Y si hasta éste héroe del comic lo es, ¿qué nos puede ocurrir a nosotros? Pues que también lo somos. Vulnerable es quien puede ser dañado  física o moralmente.  No creo que haya nadie que se escape de esto. Es decir todos lo somos.  Vivir es ser vulnerable. Va en la naturaleza.
Ahora bien, el cómo se afronta esto es lo que nos hace más o menos fuertes. Alguien dijo que madurar es aceptar la vulnerabilidad. Tenía razón.
Tal vez el primer paso sea reconocer ese punto oscuro. Buscarlo, racionalizarlo, e incluso sacarlo fuera.  No quiere decir que nuestro Superman deje de morir si es tocado por la Kriptonita. No hay psicólogo que pueda curar esto. Pero convivir con ello, hacer lo posible para no estar cerca de la Kriptonita; saber moverse con este hándicap nos puede ayudar a vivir,  a no   estar en un permanente sinvivir.
El reconocer una vulnerabilidad no es signo de debilidad. Si una lesión no te permite correr,  o tu coeficiente intelectual no te deja entender algo, el madurar supone que podrás encontrar otra forma de ejercicio físico o usar otros valores que te lleven a desarrollarte como persona.  Es más, el decirlo en el foro adecuado, el explicarlo, el hacer que te entiendan, puede ser un buen punto de apoyo que nos hace más fuertes.
Ser débil es utilizar esa vulnerabilidad como límite a una única salida. La inteligencia, la madurez, el reconocimiento y puesta en marcha de tus valores, te pueden llevar a transitar por otros caminos paralelos tan fructíferos como el que tienes vetado.
Si Superman se hubiera quedado bloqueado por la Kriptonita nunca habría llegado a ser el héroe que fue. Sí, ya sé que en el papel, en el comic,  todo puede ocurrir pero ,…, también puede ocurrir de todo en la vida. Búscala sin miedo.
¿Cuáles son tus puntos vulnerables? ¿Son reales o imaginarios? ¿Qué alternativas buscas?

Pd.- El artículo lo redacté esta mañana.  Esta tarde, fisgoneando por ahí, me he dado de bruces con una sensacional charla TED dada por Brené Brown sobre este asunto. Si tenéis un rato vale la pena que la veáis. No me equivocaba con la importancia de la vulnerabilidad y me alegra mucho ver que ya hay gente muy buena trabajando, con profundidad ,sobre ella. ¡Viva la serendipia!

http://www.ted.com/talks/lang/es/brene_brown_on_vulnerability.html

Y para finalizar, os adjunto un buen artículo de Paz Garde, gracias a quien he llegado hasta la conferencia TED.

http://www.coachingparajovenes.com/construyendo-desde-la-vulnerabilidad


Ya tenéis para darle vueltas al cerebro durante un rato. Espero que disfrutéis como yo con estos descubrimientos.


Llamada a tu amor.

Gracias a nuestra genial documentalista Alicia Uriarte, que se dedica a poner retos permanentemente encima de la mesa,  os invito a leer una anécdota-chiste que circula por la red. Ya la había leído pero tras hacerlo otra vez, sé que puede ser una bomba de relojería. Es de esas historietas que no por divertidas dejan de ser didácticas. Es un reflejo fiel de nuestra capacidad de expresión de sentimientos.

De atrevernos a ponerla en práctica nos presentará exactamente cual es nuestra capacidad de inteligencia emocional, es decir nos dará medida exacta de la capacidad para expresar nuestras emociones y sentimientos, que a fin de cuentas eso es la inteligencia emocional.

Un grupo de mujeres se reunieron en un seminario sobre cómo mejorar su relación de amor con su marido.
Se les preguntó a las mujeres: "¿Cuántas de vosotras aman a sus maridos?
Todas las mujeres levantaron la mano.
Luego se les preguntó: "¿Cuándo fue la última vez que le dijiste a tu marido que lo amabas?
Algunas mujeres respondieron hoy, algunas ayer, algunas no recuerdan...
Entonces se le pidió que cogieran sus móviles y que mandaran el siguiente mensaje a sus maridos: “Te quiero, cariño”.
Después se le pidió que intercambiaran sus móviles y leyeran las respuestas de sus maridos:
Estas fueron algunas de las respuestas:
1. Madre de mis hijos, ¿te encuentras bien?
2. ¿Y ahora qué? ¿Has chocado el coche otra vez?
3. No entiendo qué quieres decir!
4. ¿Qué has hecho ahora? No te voy a perdonar esta vez!
5. Ein??
6. No andes por las ramas, dime cuánto necesitas?
7. ¿Estoy soñando?????????
8. Si no me dices para quien es este mensaje, te mato...!
Y la mejor de todas:

 9. ¿Quién eres?

Y esto es lo que ocurriría si son las mujeres quienes se atreven a hacer la pregunta. ¿Qué ocurriría si quienes la hacen son hombres? ¿Qué crees que te contestarían a ti (hombre o mujer) si te atrevieras a mandar este mensaje?
Por cierto, si tenéis un ratillo acordaros de releer este otro post, así completamos las tareas del teléfono.

Motivos para ser perezoso


En la conferencia a la que asistí el otro día, el orador nos comentó que las personas somos muy cognitiva pero poco conductuales (bueno, esto dijo más o menos),  refiriéndose a que  conocemos muy bien lo que hay que hacer y cómo, pero que luego no lo ponemos en práctica.  Vamos, que nos llamó perezosos  y no sin razón.
Salvo si la atonía, o el tedio nos viene por enfermedad (¡como por supuesto es mi caso!)  será bueno que le demos un par de vueltas al concepto de pereza y pensemos si es una buena compañera de camino.
Lo más normal es achacarnos a nuestra fuerza interior la sentencia: “Es que soy un vago”. Una vez establecida esta premisa, todo lo que no hacemos a continuación tiene una justificación perfecta (“Es que soy mu perro”).
Es bueno que sepamos que frente a la pereza se encuentra la diligencia (esmero y el cuidado en ejecutar algo). Y esta virtud, como todas,  se trabaja. ¿Cómo? Cumpliendo los compromisos, poniendo entusiasmo, y trazándose metas fijas con objetivos asumibles.
Hay barreras que nos pueden bloquear el intento de ser diligentes y que deberemos pensar un poco:
  • Falta de beneficio en relación al esfuerzo utilizado.
  • Falta de reconocimiento en el trabajo o actividad realizada.
  • Falta de preparación para realizar la tarea.
  • Falta de motivación.
  • Monotonía laboral.
  • No reconocer los talentos.
  • Que sea una tarea penosa, que cause cualquier trastorno físico o mental, como dolor de espalda, dolor de cabeza o hastío.
(Wikipedia dixit)
Si nos reconocemos en alguna circunstancia de este tipo,  es que  algo tenemos que cambiar. Uno de estos pueden ser los motivos de  la inacción, la depresión o incluso la enfermedad.  ¡Evitémoslo! ¿Cómo? Ahí van un par de preguntas: ¿Cuándo ha sido la última vez que te has sentido diligente? ¿Qué satisfacción has obtenido?

Inteligencia emocional (en la empresa)


Juan Pedro Sánchez
http://lapalancadelexito.com/
He tenido la suerte de poder asistir a una conferencia genial organizada por Asnie (Asociación Nacional de inteligencia emocional). 
Quienes seguís este blog, sabéis que aún no he hablado de empresa y trabajo. Tal vez porque pienso que si somos capaces de trabajar bien en nuestros “asuntos internos” luego esto quedará reflejado en el trabajo. Por lo menos eso espero. Si no es así se me vendrá todo este castillo abajo.
Bueno, a lo que iba, asistí a la conferencia impartida por Juan Pedro Sánchez y que se titula: “Apagón emocional en el Homo Laboris”. Fue genial. La lluvia de ideas que expuso, el modo de presentarlas, el dominio del auditorio, y la simpatía, humildad y sentido crítico, hicieron que el público asistente disfrutara durante hora y media.
No os voy a contar la multitud de trucos que utilizó para mantenernos en atención permanente. Hay que ir a verle. Además es un verdadero showman. Pero sí que os comentaré algunas de sus ideas principales que, además de ser magníficamente expuestas, son razonables, bien razonadas y científicamente argumentadas. Como él dice, sus conferencias son 3D: Didácticas, divertidas y dignas. No puedo estar más de acuerdo. Lo demostró.  
Se basó en que la aplicación de la inteligencia emocional en la empresa es vital para conseguir buenos rendimientos y resultados. Habló de la influencia enorme de un CEO, director o jefe de equipo sobre su gente. De cómo su estado de ánimo puede llevar a la locura a los empleados. De que la empresa debe hacer percibir al empleado que sus demandas son retos y no amenazas. Insistió en que en muchos casos sólo con que la empresa sea capaz de dejar de desmotivar, el salto cualitativo y cuantitativo es enorme. No pedía más.
Su resumen final, genial, aportó un sinfín de ideas. Destacar entre las que propone que las empresas deben implantar una estrategia emocional corporativa (yo de momento no he visto ninguna que la tenga y sería bueno) y que la aplicación de la inteligencia emocional en la empresa,…,¡se puede medir!
Necesitaría muchos folios para hacer un resumen de todo lo que allí planteó y luego leerlos en voz alta para acordarme de todo (seguramente le pediré ese montón de folios que nos presentó en la conferencia).
En fin, desde aquí felicitar a Juan Pedro Sánchez y darle las gracias por lo que nos dio. Podéis seguirlo en su blog La palanca del éxito. Le añado a mi lista de blogs favoritos
 
Por supuesto, esto nos abre una nueva carpeta en nuestro blog para hablar sobre trabajo y empresa, que también nos afecta en el devenir diario. Tenemos por aquí más motivos para la conversación.
 
 

Un nombre, una persona.

 
Tengo un amigo que es capaz de recordar una cara y su nombre asociado aunque haya transcurrido mucho tiempo. Siempre me sorprende porque ´cuando me habla de alguien suele tener que hacerme todo un historial del esa persona. “¿No te acuerdas que le vimos en tal sitio, que se llama tal y que nos dijo que,…”. ¡Igual está hablando de alguien que conocimos quince años atrás!

Le sorprende y se enfada con mi poca memoria. Yo intento engañarle diciéndole que sí, que me acuerdo. Eso le tranquiliza. Pero a mí no.
Ese acto que mi amigo es capaz de hacer supone un homenaje a la persona citada. Recordarle, saber su nombre, ubicarlo en el momento justo, supone darle una importancia a la relación. Reconozco que a mí me gusta cuando alguien a quien no veo desde hace mucho tiempo se acuerda de mí. Más aún si nombra hechos comunes o me dice que aún se acuerda de mis comentarios. ¿Por qué si es algo que me satisface no pienso que a los otros les ocurrirá lo mismo? A partir de ahora voy a ponerme manos a la obra para intentarlo.
Como está demostrado que las emociones ayudan a asentar mejor los recuerdos, voy a intentar fijarme más en los gestos, en la cara, en ubicarlo, en recordar el nombre, y en “adjuntarle” una emoción. Tal vez esto me sirva. No quiero dejar de hacer algo que me gusta que hagan conmigo.  
Alguien dijo que no hay sonido más dulce para tu oído que escuchar tu nombre. Pues entonces es un regalo que voy a intentar hacer.
Perdonadme quienes me conocéis de antes si no me acuerdo de vuestro nombre. Sabed  que si nos vemos a partir de ahora, quiero guardarte en un sitio de mi corazón.  Te nombraré.

Un buen consejo


Imagina por un momento que te dispones a comer. Enfrente, un buen amigo que te acompaña. Dos platos de sopa recién hecha, bien, pero bien caliente (por favor imagínate que os  gusta mucho la sopa –esta parte es más difícil).

Tu amigo viene con mucha hambre. Tú también la tienes. Él le mete cucharada al plato y se la lleva a la boca. Lógicamente, se quema.  Le insinúas que espere un poquito a que se enfríe. Él, vuelve a comerse otra cucharada. Segunda ampolla en la boca. Le pides que se dé cuenta de que si sigue se va a destrozar el paladar. Él, con lágrimas en los ojos, reconociendo que está ardiendo, te comenta que tiene mucha hambre. Que sabe que se va a quemar pero que va a seguir comiendo.  Tú, como amigo, le pides que deje de comer, que tan sólo tiene que darse un poco de tiempo. Consejo imposible. Sigue comiendo, con lágrimas en los ojos tras cada cucharada. Se atraganta pero le es igual. Así hasta acabarse el plato. El resultado, por supuesto es catastrófico. Ulceraciones en la boca. No puede ni hablar. No comerá en varios días. Sus papilas gustativas han quedado destrozadas.  Nunca más volverá a disfrutar de una buena comida. Con la confianza de amigo, le recriminas la barbaridad de lo que ha hecho. Él, congestionado, dolorido, lloroso y jodido, te contesta ( casi sin poder abrir la boca): “Es que yo soy así”.

Esta situación, desde luego exagerada pero menos imposible de lo que parece, ocurre en muchas de las conversaciones que se tienen entre amigos cuando uno está dando un consejo a otro. Eso si es que te lo han pedido. Porque si ni siquiera te lo han pedido entonces todo se vuelva aún más rocambolesco.    

Además, tú te quedas fastidiado pues no has podido ayudar. Tus comentarios no han servido de nada. ¡Y da gracias a Dios de que no te acuse tu amigo de lo que le ha ocurrido! Porque como estará fastidiado será capaz de recriminarte el que le hayas dejado comer y serás el culpable de todos sus males!

¿Cuándo has dado un consejo no pedido? ¿Qué resultado obtuviste? ¿Cómo puedo ayudar sin aconsejar?

Tengo claro que el coaching y su práctica me ha enseñado mucho en este sentido. Aunque de vez en cuando, aún con demasiada frecuencia, se me escapa algún consejo no pedido,… con las consecuencias que eso trae.

Sin noticias


Hay más de 350 fallecidos en Lampedusa. Una cifra que fue aumentando poco a poco. Primero 50, luego el doble, luego el doble,…así hasta ese número fatídico. La profusión de imágenes, el goteo constante, me obliga a desconectar, a rechazar, a no prestar atención a esta tragedia.

Pero la noticia vuelve. Hasta que un detalle, oído en una radio, me fuerza a reconocer la realidad en toda su dimensión. Un enterrador dice que tan sólo pudo poner en las tumbas, en las fosas, un pequeño cartel con “emigrante 1”,  “emigrante 2”, “emigrante 3”… El hombre habla con rabia y pena del abandono en que quedarán los cadáveres a partir de ese momento. Nadie para llorarles, nadie para rendirles homenaje, nadie.

Peor aún, ningún familiar de esos “emigrantes” sabrá dónde está su hijo, su hermano, su familiar, su amigo. Saben que se han ido de viaje, a una tierra de salvación en la que podrán disfrutar de una vida digna.

Pero nunca más tendrán noticias de ellos, nunca les localizarán. Ni siquiera sabrán que están muertos. La duda les matará también a ellos. No sabrán de sus seres queridos, tratarán de justificar sus silencios, inventarán mil conjeturas que les evite saber lo peor. Penarán en vida. Y nunca más sabrán nada. Ellos morirán con la incertidumbre y el pesar por el enorme vacío creado.  Imagino qué me pasaría si un familiar, si un amigo mío se va de viaje por trabajo y nunca sé nada más de él. Me volvería loco.

Y yo no sé qué hacer. No puedo quedarme mirando la televisión sin hacer nada. Sólo será un grano de arena en el desierto pero hay que ponerse en marcha. Ser solidario es ser persona.

¡Que cunda el ánimo!


Cuando das un poco de cuerda a la conversación y muestras verdadera atención e interés por el interlocutor, sale a la luz esa afición oculta, ese deseo no realizado,  esa frustración por no haber llevado  algo adelante o el miedo paralizante que bloquea.
Todos tenemos proyectos aparcados, yo el primero. Es normal. Cada cosa a su tiempo, en el momento adecuado.
Pero me he encontrado en muchos casos, que lo que está detrás de esa inacción es la frase: “Tú no puedes hacer eso”  o peor aún, “No vales para eso”.  A veces incluso no se utiliza ni la frase. Recibes una sonrisa de circunstancia, un gesto de desaprobación que se traduce de inmediato en: ¡Madre mía, ¿cómo se me habrá ocurrido a mí dedicarme a esta tontería? Y el resultado más que posible es el abandono del proyecto.  
Pongamos el caso de la escritura (aún sabiendo las ventajas de escribir que tratamos en el post anterior) pero  sirve cualquier otro ejemplo. Cuando alguien comenta que quiere escribir, le piden que sea Cervantes, o Shakespeare,  o Cela desde el minuto cero.  O todo o nada. Desde ya. Porque si no lo haces así, el ánimo que esperas, se convierte en palabras o gestos de desánimo.  Incluso conozco algún caso en el que lo que se esconde detrás es “Si yo no puedo, tú tampoco”.
Reconozco que me enfada mucho cuando veo la tristeza que este tipo de censura ocasiona en el otro. En ese momento, si pillara al cafre que ha sido capaz de hundirle  de manera tan sibilina, seguramente me oiría más de una voz fuerte.  Porque detrás de estos “animadores” se esconde un afán dominador, un miedo horroroso al progreso del otro, un pánico terrible al cambio o un complejo enorme de inferioridad.  
Así que, cuando alguien nos de la confianza, se atreva a contarnos sus proyectos, regalémosle unas palabras de ánimo, seamos empáticos con él.  ¿Cómo te gustaría a ti que se comportaran cuando presentas tu proyecto?

¡Quiero escribir!


Cuando comento mi afición a escribir, es habitual que mi interlocutor me comente que a él también le gustaría hacerlo. Al preguntarle ¿para qué?  La respuesta habitual es: “para contar lo que me sucede, para explicar cómo veo yo las cosas, para,.., para quedarme a gusto”.
¡Caray, creo que son motivos más que suficientes para ponerse a ello!
Si leemos el post que nos dejó Alicia Uriarte (ella ya escribe) vemos que da un paso más aún: “escribimos para nosotros mismos, para reforzar sensaciones, sentimientos,..., para buscar aceptación, para reforzar la autoestima, para abrirnos caminos,...”
Imaginad por un momento que con algún tipo de ejercicio consiguiéramos además de lo anterior, todas estas cosas:
-       Estimular la creatividad
-       Organizar coherentemente las ideas
-       Reflejar un discurso
-       Separar el grano de la paja
-       Afrontar ciertos miedos
-       Hacer que se tenga en cuenta tu punto de vista
-       Mejorar la constancia
-       Medir tu capacidad  intelectual
-       Ejercitar las neuronas
-       Mostrar tu individualidad
Y así un sinfín más de beneficios no menores. Pues todo esto lo puedes conseguir escribiendo. El hecho de querer escribir y querer hacerlo bien, te pone delante una de las metas más apasionantes. Es de largo recorrido, supone esfuerzo, da beneficios, anima a al aprendizaje continuo, te obliga a estar permanentemente atento a todo lo que te rodea, a ser partícipe del mundo,…
Veréis que escribir supone dar un salto cuantitativo y cualitativo importante. No lo perdáis de vista. Eso aunque no lo hagas muy bien. Si además tienes cualidades y las trabajas, entonces el resultado para tu vida es espectacular.
Ah, y si encima de escribir, lo hacéis a mano de vez en cuando, descubriréis otro listado importante de ventajas, pero eso, lo dejamos para otro dia.

Pd.- Lo de la foto intentadlo cuando ya tengáis mucha práctica.

Empatía


Ahora me gusta ver series de televisión.  Pero enteras. Vamos que cojo una y no la dejo hasta que veo todos los capítulos y las temporadas. Ahora llevo entre manos una que se llama Mentes criminales. Está muy bien. Desde luego, la recomiendo.

El equipo protagonista trata de averiguar lo que pasa por la mente del criminal para poder detenerlo. Para ello utilizan como arma principal la empatía ( del griego ἐμπαθής "emocionado")  llamada también inteligencia interpersonal en la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner. Es la capacidad cognitiva de percibir en un contexto común lo que otro individuo puede sentir. También es un sentimiento de participación afectiva de una persona en la realidad que afecta a otra.
Vamos, en cristiano, significa ponerse en la piel del otro para comprender cómo piensa y qué le lleva a hacer lo que hace.

Con la empatía este equipo de investigadores consiguen detener y encarcelar a los culpables.
¿Y qué es lo que me ha llamado la atención, lo que me ha ayudado a comprender? Pues que el objetivo de la empatía no es justificar lo que el otro hace, asumir como propio sus acciones, sino comprender por qué lo hace.  Y no es lo mismo.

Siempre he sido fácilmente influenciable y además, he tratado de tener empatía con el de enfrente. Pero para ponerlo a mi lado. Esto puede ser un error. Bueno, lo es. Y el resultado puede ser desastroso. Porque puedo llegar a justificar acciones, a perdonar ciertos actos y a consentir cosas que dentro de mí siento que no están bien. Como lo comprendo, lo comparto. Por tanto, lo consiento. Este es el error.
La empatía no obliga a  compartir, tan sólo, y no es poco, te ayuda a conocer, a enriquecerte con otra visión distinta de la tuya, a saber qué pasa por la mente del otro. Pero no te puedes quedar ahí. Esto es lo cómodo. Nos falta comparar con la escala propia de valores y tomar una determinación.  

En el caso de esta serie, el equipo comprende el porqué del acto criminal, pero no lo justifica. Y actúa. Encarcelan  al malo. Son sus valores. Es su trabajo.
Ten cuidado. Tu nivel de empatía puede ser grande. Pero utilízalo bien. Hay verdaderos maestros en utilizar en provecho propio tu capacidad de empatía.

¿Cómo actúas cuando alguien cercano a ti abusa de tu comprensión y te hace renegar de tus valores?
Pd.- la próxima serie que vea será de humor. A ver si me relajo un poco.

El orden de los factores...



Soy el primero que disfruto cuando no tengo nada que hacer, o mejor dicho, cuando no hago nada. Pero para eso necesito tiempo libre.
En efecto, puedo parar lo que estoy haciendo y ponerme en blanco pero reconozco que entonces me vienen las recriminaciones: deberías estar haciendo esto o lo otro, eres un vago, etc,etc,etc.  Tal vez otro día analice esas voces interiores pero hoy me centraré en lo que puedo hacer para que cuando pare, pare de verdad. Es decir, con la satisfacción del deber cumplido y sabiendo que me regalo un tiempo de vagancia, sin atormentarme por ello.
Está claro que a esto se le llama organización y planificación. Tal vez  suene un poco marciano pero si nuestras actividades del dia las acometemos con  planificación y organización, resulta que nos queda un montón de tiempo libre.
Aunque sean ejemplos un poco extremos, está claro que no debemos quedarnos mirando la lavadora mientras está en marcha y hasta que acabe (bueno, salvo que ver girar el tambor de la misma nos produzca un placer especial). O no podemos ir seis  veces al mismo sitio a coger cosas, o no podemos tener a un equipo de personas mirándonos cómo trabajamos mientras esperan órdenes.  
No es muy difícil parar y pensar. Es decir, al comenzar el dia, dedícale cinco minutos no sólo a repasar las cosas que tienes que hacer sino también, y esto es lo más importante, en qué orden puedes acometerlas y si hay cosas que puedes solapar, es decir, hacer a la vez. 
Puedes tener que trabajar y poner la lavadora. Piensa que harías antes. O tal vez leer un libro mientras vas en el transporte público, o aprender inglés mientras conduces, o recoger la habitación mientras el ordenador se pone en marcha… Esto no es como en las matemáticas pues aquí el orden de los factores sí que altera el producto.
¿Cómo te sentirías si dispusieras de tiempo libre? ¿Qué cosas puedes hacer simultáneamente?

¡Hoy no escribo!


Tengo la mente en blanco. No sé si es que se me han acabado las ideas para escribir, si es que  hoy no tengo ganas. Esta situación me da miedo porque no sé si durará días, semanas o meses. Cuantas más vueltas le doy, menos ideas me vienen a la cabeza.

Además estoy vago. No quiero escribir. ¿Será que he agotado todos los temas posibles? Me recrimino no haber tomado notas cuando me viene el flash inspirador. Tendré que volver a poner la libreta de notas en la cartera. ¿Será que no presto suficiente atención a lo que me rodea? Pues entonces abriré los oídos a lo que se dice en cualquier conversación nimia.  ¿Y si no oigo nada interesante? Pues tendré que preguntar.

No sé exactamente qué les gustaría ver reflejado aquí a quienes me leen. Tal vez debería hacer una encuesta. Si tengo la suerte de que me respondan, entonces tal vez podría seguir escribiendo sobre temas interesantes.

Aprovecharé que no estoy inspirado y me iré a dar una vuelta por alguna librería. Es posible que un libro desconocido, inesperado, me ayude. 

Espero que no sea la responsabilidad que lleva el haber pasado de las 10000 visitas.  Con tantas supongo que los lectores esperan más y mejor y me da miedo el no saber si puedo cumplir las expectativas. Pensaré en cuáles son las mías sobre este blog. Pelearé contra el miedo.

¿Qué hacer cuando se está en esta situación, espero que transitoria, de bloqueo mental? Espero que tú me ayudes. Sólo así podré escribir de nuevo. De momento, hoy no escribo. Esperaré tiempos mejores.

Tanto tienes tanto vales


No, no voy a ponerme a filosofar pues este blog trata de ser eminentemente práctico. Pero sí  quiero destacar que en el maravilloso libro Filosofía cínica y crítica ecosocial, de Jose Alberto Cuesta  (Ediciones del Serbal) podéis encontrar muchas de las claves de los movimientos ecológicos actuales y sus fundamentos filosóficos.

Pero bueno, vamos al grano. Imaginad una persona cuyas únicas posesiones sean un tonel, un manto, un zurrón y una escudilla. Nada más. ¡Pone los pelos de punta! Y que además, cuando este personaje ve a un niño beber con las manos, decide que aún le sobra la escudilla.  Está claro que la primera exclamación  es: ¡Está loco! Y de inmediato le propondremos para que le admitan en el psiquiátrico.

¿Y qué diríamos si a este loco acuden a pedirle consejo los más célebres hombres de su tiempo, le temen muchos de sus contemporáneos y le siguen gran número de fans?  Pues que algo tenía que tener (de haber vivido en tiempo del twitter hubiera sido trending  topic mil veces, seguro).  

Estamos hablando del griego  Diógenes  ( 412-323 AC) que perteneció a la escuela cínica (ojo no confundir esta escuela con la definición de cinismo que se da hoy en día).  Desde Alejandro Magno a Platón, le escucharon, temieron o reverenciaron.

La principal virtud de Diógenes fue predicar con su ejemplo sobre la supresión de las necesidades para alcanzar la virtud. No quiso tener nada porque así era libre para decir lo que quisiera y obrar como le daba la gana. Sin ataduras de ningún tipo. Vale la pena leer un poco sobre él.

Y sí, es verdad, las cosas nos atan. ¿Qué pasa si dejas algunas cosas materiales a un lado? ¿Qué ventajas te ofrece viajar más ligero de equipaje?  

Pd.- Gracias Jose Alberto por tu genial libro. ¡Deberíamos tenerlo como manual de uso diario!

Con los tuyos


¿Cuánto tiempo hace que no miras para atrás voluntariamente, que no recuerdas a esa gente que te dejó huella? No hablo de un recuerdo fugaz, de un pensamiento que te viene de repente, sino de parar, pensar, recordar, revivir y aprender.
En esta sociedad tan dura y exigente, que casi cada minuto nos fuerza a sobrevivir, olvidamos el pasado  que nos formó. Tal vez por esto, en ocasiones, dejamos atrás nuestros valores, aquello que nos hace únicos y distintos.
Me atrevo a dejaros aquí un relato  mío sobre este asunto. Espero que os guste…y que os haga recordar.

 En familia
(Para mi amiga Geno, creo que le gustará)

Colocó las velas sobre el mantel. Sonrió. La mesa de celebración quedó lista. Le gustaba realizar personalmente los preparativos para la cena de Nochebuena. Repasó la ubicación de los comensales.Él presidiría la mesa, a su izquierda y más cercano quedaría su padre, luego su madre, después sus dos hermanos. En el otro lado, su mujer, su hija, su único amigo y al fondo el padre Lucas, añorado maestro y tutor en su infancia.
Pasó a la cocina para ultimar el menú. Cada año lo variaba, en función del particular gusto de los comensales. Gesticuló un rictus malicioso al imaginar a su madre enfrentándose al plato de angulas que tanto gustaban al padre Lucas. La realización del postre, especial para su adorada hija, le ocupó más tiempo del esperado. Presuroso, vistió sus mejores galas y preparó la recepción de los invitados.

            Sentado a la mesa, vio los rostros de todos sus seres queridos. Disfrutó el instante. Oyó la tan sabida excusa de su amigo que siempre llegaba tarde “al ir a salir, busqué las llaves de casa y no las encontré”. Dirigió un guiño guasón y cómplice a su hermano gemelo.

            Antes de cenar, solicitó al padre Lucas una oración. En silencio, escuchó la plegaria y agradeció la petición al Señor para que mantuviera unida a su familia. Luego habló él, recorriendo todos los rostros con la mirada “mi motivo de vida sois vosotros. Si muero, os olvidarán y desapareceréis. Vivís en mi. Por eso quiero vivir”.

            Alzó la copa con su temblorosa y artrítica mano de ochenta y tres años y brindó frente a las fotografías de cada uno de sus desaparecidos seres queridos.

Despacio, sin querer ser herido por las ausencias, empezó a cenar.